Señales vocales y visuales codifican el sexo, la especie y la calidad individual

Los individuos que desperdician energía y gametos apareándose con miembros del sexo o la especie equivocados, están en desventaja en la lucha por reproducirse. Por ello, la selección natural favorece los comportamientos mediante los cuales los animales comunican su sexo y su especie a las parejas potenciales. Un resultado de esta selección es que muchos excursionistas no pueden pegar el ojo por el bullicio nocturno de las ranas arborícelas, cuyos cantos son específicos para cada especie. Los saltamontes y grillos machos también anuncian su sexo y su especie con sus chirridos, lo mismo que el mosquito hembra con su agudo zumbido.

Las señales que codifican el sexo y la especie también podrían servir a las parejas potenciales como base para comparar pretendientes rivales. Por ejemplo, el pájaro campana macho utiliza su ensordecedor canto para defender territorios grandes y atraer hembras desde muy lejos. Las hembras vuelan de un territorio a otro, posándose cerca del macho en su árbol. El macho, con el pico bien abierto, se inclina directamente encima de la encogida hembra y emite una nota estruendosa. Al parecer, la hembra aguanta este ruido con el fin de comparar el volumen de los distintos machos y escoge como pareja al que más fuerte canta (que también será el mejor defensor de un territorio).

Muchas especies utilizan exhibiciones visuales para cortejar. La luciérnaga, por ejemplo, destella un mensaje que codifica su sexo y su especie. Las lagartijas macho mueven verticalmente la cabeza con un ritmo específico para cada especie y las hembras distinguen y prefieren el ritmo de su propia especie. Los intrincados proyectos de construcción del pájaro satinado de enramada y la garganta color escarlata del pájaro fragata macho sirven como llamativos anuncios que indican el sexo, la especie y la calidad del macho. La exhibición de tan extravagantes señales es riesgosa, pues hace que para los depredadores sea más fácil localizar su origen. Para los machos, el riesgo es una necesidad evolutiva, pues las hembras no se aparean con machos que no presentan la señal apropiada. En contraste, las hembras por lo regular no necesitan atraer a los machos ni asumir el riesgo asociado a una señal llamativa, por lo que las hembras de muchas especies son poco atrayentes en comparación con el macho.

Las funciones interrelacionadas de reconocimiento del sexo y reconocimiento de la especie, el anuncio de la calidad individual y la sincronización del comportamiento reproductor, generalmente requieren una serie compleja de señales tanto activas como pasivas, por parte de ambos sexos. Una bella ilustración de tales señales es el complejo “ballet” subacuático que ejecutan los peces espinosos de tres púas macho y hembra.

Fuente: AUDESIRK, Teresa; AUDESIRK, Gerald y BYERS, Bruce E. Biología: La vida en la tierra. 6 ed. México: Pearson Educación, 2003. 980p.
 

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