San Agustín, destino mágico y sagrado

enero 20, 2008 por  
Archivado en Turismo

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Ubicado en las estribaciones del Macizo Colombiano y bañado por las aguas de los ríos Magdalena, Sombrerillos y Naranjos, esta el municipio de San Agustín, puerta de entrada al famoso Parque Arqueológico que guarda el testimonio de una cultura prácticamente desconocida, pero espiritualmente muy profunda.

Se presume que el poblamiento de esta zona se inició hacia el siglo XXXIII a.C. y que la cultura agustiniana alcanzó su apogeo en el s. VIl d.C. El extraordinario trabajo de los agustinianos refleja claramente su habilidad escultórica y, sobre todo, una profunda influencia de sus creencias mágico-religiosas, orientadas principalmente al culto funerario.

Actualmente el Parque Arqueológico está bajo el cuidado del Instituto Colombiano de Antropología, que instaló allí una casa de administración. También hay en este lugar un completo Museo Arqueológico y una biblioteca donde pueden ampliarse los conocimientos sobre esta cultura.

La importancia de esta cultura ha sido reconocida por la UNESCO, que en 1995 les confirió a los Parques Arqueológicos de San Agustín, alto de los ídolos y Alto de las Piedras, la categoría de Patrimonio Cultural de la Humanidad.

El recorrido por el Parque se inicia en el Bosque de las Estatuas. En este fantástico lugar de tupida vegetación, el arqueólogo Luis Duque Gómez logró reunir 35 estatuas que habían permanecido dispersas durante más de diez siglos, y las distribuyó a lo largo de un camino de piedra.

Al terminar el recorrido por el Bosque, diríjase al lugar donde están las Mesitas, centros funerarios donde encontrará numerosas tumbas incorporadas en montículos artificiales, además de estatuas y lugares de culto de los indígenas.La Mesita D está ubicada (frente a la Casa de Administración, y se trata de un enterramiento de pozo o sencillo, cubierto con lajas y acompañado de unas pocas estatuas.

Un camino de piedra lo conducirá a las demás Mesitas. La primera de ellas es la B, que contiene tres montículos y algunas figuras, entre las cuales se destaca la llamada comúnmente “El Obispo”, de más de 4 m de longitud y con figuras humanas talladas en cada extremo. El montículo que se encuentra a mano derecha es el más grande de la región, y la tumba que contiene está precedida por una enorme cara triangular y un águila con una serpiente en sus garras. El sarcófago está protegido por dos guerreros armados y una figura central. Al frente de este montículo hay otro más pequeño, con un tunel protegido por dos enormes figuras abstractas.

En la Mesita C hay estatuas de bello acabado, entre las cuales se destaca la imagen de dos siameses, con rostro antropozoomorfo.

Saliendo de allí, el camino avanza en forma descendente y pasa por un bello guadual; al frente de éste, se halla sostenida sobre una enorme roca, la figura de una rana tallada “in situ”. Esta bella escultura anuncia la entrada al centro ceremonial más importante de los agustinianos: la Fuente del Lavapatas, considerada como el mejor trabajo escultórico de esta comunidad.

Se trata de un complejo laberinto de canales y piletas por donde desciende lentamente el agua de una pequeña quebrada; sobre la roca, los indígenas tallaron muchas figuras en relieve entre las cuales se observan salamandras, lagartos y serpientes, algunos de ellos con rostros humanos. Las piletas eran utilizadas para efectuar baños rituales y ceremonias religiosas.

A partir de allí, el camino conduce hacia el Alto de Lavapatas, centro funerario donde fueron descubiertos los vestigios arqueológicos más antiguos de esta cultura, con 26 siglos de existencia aproximadamente. Hay un buen número de estatuas, casi todas con características antropozoomorfas, y en una de ellas está presente la imagen del “doble yo”. El lugar está constituido por una pequeña planicie desde la cual puede observarse una gran parte de la región de San Agustín.

El último centro funerario es la Mesita A, donde también se encuentran varias estatuas, montículos artificiales y templetes funerarios. Además hay tumbas con cámara lateral, donde era colocado el ajuar funerario del difunto, que debía acompañarlo a la otra vida.

En este destino mágico podemos tener el gusto de observar una de las aves pertenecientes a la familia falconidae, el Cernícalo, quien espera tranquilamente en las partes altas de los árboles avistar  a sus presas.

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