Las represas hidroeléctricas, beneficio de pocos y desgracia de muchos

Noviembre 3, 2008 por Adriana Marcela  
Archivado en Medio ambiente

Una represa es una construcción generalmente artificial que detiene y desvía el cauce normal de un río, cuyo objetivo principal es la generación de energía eléctrica.

En los últimos años este tipo de construcciones se han convertido en una manera económica y eficiente para obtener energía, y quienes las defienden afirman que no representan mayor peligro para el medio ambiente. Pero realmente la realidad es otra, este tipo de construcciones representan una de las principales fuentes de gases de efecto invernadero, como lo son el gas carbónico y el gas metano. Estos gases se originan por las reacciones que se presentan en el lecho de la represa, allí gracias a la acumulación de materia orgánica y a su degradación se desprenden estos gases, contribuyendo así al calentamiento global. Este fenómeno se presenta con mayor facilidad en las zonas cálidas, ya que el calor acelera aun más la descomposición de la  materia orgánica.

La construcción de una represa necesariamente requiere la desaparición de  la vegetación del lugar (Tala de árboles), lo que causa un impacto directo en dicho ecosistema. La fauna se ve obligada abandonar su hábitat, o queda aislada ya que la represa le impide el paso o traslado de un sitio a otro.
Además cientos de especies mueren en el momento en que son inundadas las tierras. La introducción de un ecosistema artificial permite la introducción de nuevas especies que entran a competir con las especies nativas del lugar, provocando la desaparición de estas.

El hecho de que las aguas permanezcan la mayor parte del tiempo estancadas favorece la escases del oxigeno, y promueve la aparición de especies de algas y microorganismos tóxicos.

Las personas que habitan cerca a estas represas son más propensas a padecer enfermedades como diarreas, alergias en la piel, disentería, desnutrición, viruela, infecciones vaginales, dengue entre muchas otras.
Y por si fuera poco el impacto humano es bastante significativo, las personas propietarias de las tierras a inundar son prácticamente sacadas de sus tierras y obligadas a buscar otras formas de sustento no muy comprometedoras.

Es cierto que sus tierras son compradas, pero en la mayoría de los casos los campesinos no reciben lo justo. O son reubicados, lo cierto es que siempre “les dan en la cabeza”. No es solo el valor monetario de las tierras lo que le interesa la campesino, también es su amor por la ella, su cultura e historia que han sido tejidas desde sus antepasados, y que ahora son borradas de un tirón, para el beneficio de unos pocos y la desgracia de muchos.

Estas son algunas de las razones por las que los huilenses no estamos de acuerdo con la construcción de la represa El Quimbo.
¡NO AL QUIMBO!

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