Las abejas forman complejas sociedades de insectos
Abril 20, 2008 por Adriana Marcela
Archivado en Avicuriosidades
Las sociedades animales más desconcertantes de todas podrían ser las de las abejas, hormigas y termitas. Desde hace mucho, los científicos han batallado por explicar la evolución de una estructura social en la que la mayor parte de los individuos nunca se reproduce y en vez de ello trabaja servilmente para alimentar y proteger a la prole de un individuo distinto. Sea cual sea su explicación evolutiva, la intrincada organización de una colonia de insectos sociales resulta muy interesante. En estas comunidades, el individuo no es más que un engranaje de una compleja máquina que opera perfectamente y que no podría sobrevivir por sí solo.
Los insectos sociales individuales nacen dentro de una de varias castas dentro de la sociedad. Estas castas son grupos de individuos similares que desempeñan una función específica. Cuando las abejas salen de su etapa larvaria, asumen uno de tres papeles principales preestablecidos. Un papel es el de reina. En una colmena sólo se tolera la existencia de una reina a la vez. Sus funciones consisten en producir óvulos (hasta 1000 al día durante una vida de 5 a 10 años) y regular la vida de las obreras. Las abejas macho, llamadas zánganos, sólo sirven como parejas para la reina. Atraídos por sus feromonas sexuales, los zánganos se aparean con la reina, quizá hasta 15 veces durante la primera semana de vida de la reina. Esta “orgía”, relativamente breve, proporciona a la reina suficientes espermatozoides para fertilizar a más de 3 millones de óvulos, de modo que alcanzan para toda su vida. Habiendo cumplido con su tarea sexual, los zánganos se vuelven superfinos y finalmente serán expulsados de la colmena o muertos.
La operación de la colmena corre por cuenta de la tercera clase de abejas: hembras estériles llamadas obreras. Las tarcas de una obrera dependen de su edad y de las condiciones en la colonia. Una obrera recién salida del estado larvario trabaja como camarera: lleva alimento —miel y polen— a la rei¬na, a otras obreras y a las larvas en desarrollo. Al madurar, ciertas glándulas especiales comienzan a producir cera y la obrera se convierte en constructora, moldeando celdas de cera perfectamente hexagonales donde la reina depositará sus huevos y las larvas se desarrollarán. También cumplirá turnos como sirvienta, aseando la colmena y sacando cadáveres, y como guardia, protegiendo a la colmena contra intrusos. Su último papel en la vida es el de recolectora, recogiendo polen y néctar como alimento para la colmena. La obrera dedicará casi la mitad de su vida de dos meses a esta función. Al actuar como recolectora y exploradora, buscará nuevas y abundantes fuentes de néctar y, al hallar una, volverá a la colmena y comunicará su ubicación a otras recolectoras. Dicha comunicación consiste en una danza ondulante: una elegante forma de expresión simbólica. Karl von Frisch descifró una buena parte de la danza ondulante durante 35 años de estudios iniciados en 1915.
Las feromonas desempeñan un papel importante en la regulación de la vida de los insectos sociales. Los zánganos son atraídos irresistiblemente por la feromona sexual (sustancia de la reina) que la reina libera durante sus vuelos de apareamiento. Una vez que regresa a la colmena, la abeja utiliza la misma sustancia para mantener su posición como única hembra fértil. Algunas obreras lamen esta sustancia del cuerpo de la reina y la distribuyen entre todas las demás, con lo que se vuelven estériles. La presencia y salud de la reina se manifiestan por su producción continuada de sustancia de la reina: una baja en la producción (que es normal en la primavera) altera el comportamiento de las obreras. Casi de inmediato, comienzan a construir “celdas reales” extragrandes y alimentan a las larvas que crecen en esas celdas con una secreción glandular especial llamada “jalea real”. Este singular alimento altera el desarrollo de las larvas y produce una o más nuevas reinas, en vez de obreras. La antigua reina dejará entonces la colmena, llevándose consigo un enjambre de obreras para establecer su residencia en otro lugar. Si hay más de una nueva reina, se enfrascarán en un combate a muerte y la reina victoriosa se hará cargo de la colmena.
Fuente: AUDESIRK, Teresa; AUDESIRK, Gerald y BYERS, Bruce E. Biología: La vida en la tierra. 6 ed. México: Pearson Educación, 2003. 980p.
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