El río Magdalena: Patrimonio histórico y arqueológico

mayo 4, 2008 por  
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EL RÍO MAGDALENA: EJE HIDROGRÁFICO, ESPACIAL
Y CULTURAL DEL DEPARTAMENTO DEL HUILA

Mario Sánchez Ramírez
Alfredo Olaya Amaya

Patrimonio histórico y arqueológico

El corredor del valle del Magdalena fue un escenario de importantes procesos de desarrollo cultural en épocas prehispánicas. En el tramo superior que aquí se analiza, en medio de las montañas, desfiladeros y cañones, se encuentran algunas de las manifestaciones culturales más refinadas y originales de la América prehispánica (Castaño, 2003, 86). Según esta fuente, la cultura denominada de San Agustín, de la cual se sabe muy poco sobre sus orígenes, habitó un área aproximada de 500 km2, entre 545 a.C. hasta el siglo XII de nuestra era, en territorio de los actuales municipios de San Agustín, Isnos, Pitalito y Saladoblanco. Su desarrollo se conoce principalmente por su impresionante estatuaria que incluye adoratorios, santuarios y sarcófagos monolíticos, ligados al culto de los dioses y los muertos. Además, fabricaban cuchillos, buriles y raspadores para tallar grandes bloques de piedra volcánica, algunos arrastrados desde las orillas del Magdalena, en sitios como La Chaquira donde quedaron peñas grabadas con diversos niveles de elaboración.

En tales bloques, algunos de varios metros de altura, se representaron dioses masculinos y femeninos, sacerdotes, guerreros y grandes dignatarios, todos asociados a animales ancestrales y simbólicos como el jaguar, el búho y la serpiente. Entre sus expresiones de mayor valor arquitectónico se destacan templetes funerarios, con tumbas en forma de mesa de piedra y cubiertos con tierra en montículos, y la fabulosa Fuente Sagrada de Lavapatas, labrada en las rocas del lecho de una quebrada mediante complejas estructuras hidráulicas de estanques y canales, y con representaciones de serpientes, salamandras, monos y figuras humanas (Castaño, 2003, 86; Rosero, 2000, 108-112; Velandia, 1994, 125-140). Figuras similares se encuentran en la cultura de Tierradentro, localizada en la cuenca del principal afluente del Magdalena, el río Páez, en límites entre Huila y Cauca, cuyos hipogeos o recintos funerarios de grandes dimensiones y decorados en su interior, han dejado evidencias del valioso patrimonio arqueológico y de la relación de los pobladores de toda esta región con el alto río Magdalena.   

Otras evidencias arqueológicas de las culturas prehispánicas consisten en diferentes hallazgos en las riberas de los ríos Suaza y Magdalena, como los encontrados en la Hacienda Guacanas de Garzón, con piezas de cerámica funeraria asociadas a restos paleontológicos de mastodontes (CAM, EOT de Garzón, 33). Así mismo, en Aipe, Villavieja y La Tatacoa se han encontrado sitios precerámicos, con petroglifos y tipologías líticas, ubicados en el valle del Magdalena. Con estos y otros hallazgos, la arqueología colombiana ha demostrado que las riberas del río y sus tierras aledañas han sido un corredor de penetración de las poblaciones humanas desde las tierras bajas costeras hasta las cordilleras. Los implementos y artefactos obtenidos corresponden a sitios de ocupación del periodo paleo-indígena, correspondiente al más antiguo poblamiento colombiano entre más de 12.000 y 4.000 años a. C. con grupos de cazadores y recolectores. Estos vestigios arqueológicos permiten inferir la existencia de hábitats familiares dispersos a lo largo de las márgenes del río Magdalena y sus afluentes más importantes, como respuesta a las necesidades culturales de comunicación y de subsistencia, aprovechando también la ventaja ofrecida por la fertilidad de las vegas del río (Correal, 1977, 37, 41, 93, 101-111; Monje, 2001, 103-106).

En eventos históricos más recientes, la franja aledaña al río Magdalena reúne un gran número de sitios asociados a los diferentes recorridos hechos por el libertador Simón Bolívar, como la Hacienda Buenavista donde pernoctó dos semanas en la vereda del mismo nombre, municipio de Agrado. En el casco urbano de Gigante se encuentra la Parroquia de ese nombre, declarada Monumento Nacional, ya que en este templo fue bautizado el jerarca de la iglesia colombiana Ismael Perdomo Borrero; y también se destaca la ceiba centenaria de “La Libertad”, sembrada en conmemoración de la abolición de la esclavitud por el presidente José Hilario López. Hacia el norte, en Villavieja, Neiva y todo el, llamado por los conquistadores, “Valle de las Tristuras”, constituyeron un corredor estratégico, tanto para la invasión española como para la campaña libertadora de Bolívar; en ambos casos, para efectuar desplazamientos hacia el Alto Magdalena, el suroccidente Colombiano, Ecuador y Perú.

Además, dicho corredor fue muy importante para el desarrollo y conexión del Huila con Bogotá durante la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del siglo XX, periodos en los cuales se mejoró significativamente la navegación por el Magdalena en el norte del departamento, territorio al cual se ingresaba por vía fluvial a través de Golondrinas, Potosí y otros parajes de Villavieja. Durante 1873 y 1874 navegó el barco Moltke, el primer vapor que exploró el Alto Magdalena. Su paso por peñones, chorros y sitios inadecuados para la navegación pronto lo dejó inservible. Posteriormente, el ferrocarril establecido hasta Neiva en 1938, cuya vía se ubicaba paralela al cauce del Magdalena, constituyó el medio principal de la comunicación del Huila con el centro del país, hasta que fue desplazado por las carreteras pero que dejó evidencias como las hermosas estaciones de gran valor arquitectónico, en Villavieja, Fortalecillas y Neiva (Olaya, 2001, 21-23; Tovar, 1995, 93-94). Todos estos y otros referentes de la historia colonial y republicana en la región, muestran la valiosa interacción del desarrollo cultural con el eje espacial estratégico formado por el río Magdalena.  

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