El río Magdalena: Interacciones entre ecosistemas

EL RÍO MAGDALENA: EJE HIDROGRÁFICO, ESPACIAL
Y CULTURAL DEL DEPARTAMENTO DEL HUILA

Mario Sánchez Ramírez
Alfredo Olaya Amaya
Interacciones entre ecosistemas

La ubicación del cauce del río Magdalena, como eje entre las Cordilleras Central y Oriental, a todo lo largo del departamento del Huila, significa que esta corriente  establece relaciones directas con gran parte del territorio departamental y, de manera indirecta, con el piedemonte y cumbres de las cordilleras mencionadas, a través de todos los ríos, quebradas y cuencas hidrográficas de este departamento. De esta manera, tanto el Macizo Colombiano y los parques nacionales Nevado del Huila, Puracé y Sumapaz, como el Parque Arqueológico de San Agustín, la Serranía Las Minas, el Cerro Miraflores, la estrella fluvial de La Siberia, el embalse de Betania, la laguna El Juncal y el Desierto la Tatacoa se comunican hidrológica y climáticamente con el río en mención. Por lo tanto, todos los ríos y quebradas del territorio huilense, junto con sus valles y cañones tienen la vocación natural de formar una compleja red de corredores biológicos  entre el Magdalena y los ecosistemas mencionados anteriormente y, a través de estos, el Huila podría mejorar en forma significativa sus relaciones ecológicas con dichas cordilleras y los departamentos vecinos (Cauca, Caquetá, Meta, Cundinamarca y Tolima).

Adicionalmente, la gran cuenca del río, extendida por más del 20 % del país, hace que su zona superior, donde se ubica el Huila, establezca mecanismos de interacción con la principal área nacional. Mediante el río Magdalena se hace una conexión hidrográfica con el Caribe y el océano Atlántico, ya que el río transita, además del territorio huilense, los departamentos de Tolima, Caldas, Cundinamarca, Boyacá, Santander, Antioquia, Bolívar, Cesar, Magdalena y Atlántico. Tales interacciones influyen en varios aspectos ambientales como son la regulación climática, la conformación de hábitats para los organismos, los intercambios de materia y energía entre diversos tipos de ecosistemas, y la utilización de recursos como el agua y otros componentes del ecosistema, hacia los cuales se establecen dependencias significativas por parte de la población humana y de sus actividades.

Una interpretación de las interacciones climáticas del ecosistema del río Magdalena, con los ecosistemas que encuentra a su paso en todo el territorio nacional, se presenta en el plan de ordenamiento y manejo de la cuenca alta del río Magdalena, (CAM e INPRO-HIDROTEC, 1996). Este documento destaca el sistema de circulación atmosférica general que está definido por la presencia de centros de alta presión en los subtrópicos y la depresión barométrica entre estos (zona de convergencia intertropical), lo que origina flujos aéreos por el gradiente barométrico. La zona de convergencia se desplaza según el movimiento aparente del sol, y la amplitud del desplazamiento en la región andina es de unos 10º de latitud (1º norte en febrero, a 11º norte en octubre).

De acuerdo con la misma fuente bibliográfica, la orientación y elevación de las cordilleras conjuntamente con la circulación de vientos determina la magnitud y distribución temporal de las lluvias. La orientación longitudinal de las cordilleras Central y Oriental que son límites de la cuenca, determina que los vientos llegan oblicuamente contra las cordilleras, después de atravesar la llanura del Caribe, por lo que su acción es débil y su comportamiento es complejo por las cadenas montañosas. Esta caracterización climática constituye uno de los aspectos de mayor importancia en la definición de la relación oferta-demanda ambiental de la cuenca alta del río Magdalena, pues las condiciones climáticas representan tanto factores favorables como desfavorables para la producción hídrica, como ocurre con los caudales generados en el río Magdalena y sus afluentes.

El desarrollo de las corrientes de agua está, en gran parte, determinado por las condiciones y características geomorfológicas de la cuenca hidrográfica y los flujos de agua que esta genera, así como los aportes de materiales y los efectos del relieve sobre los cauces. Es por ello que los tipos de hábitat acuático dependen de aspectos como las pendientes, la velocidad del agua y los materiales que constituyen el sustrato. En el caso del Magdalena, es notoria la diversidad de hábitats formados en su cauce, desde algunos altiplanos de las montañas en su zona superior, pasando por los torrentes de las laderas, hasta los tramos más profundos y de flujo más uniforme en el valle de la zona norte. Esta heterogeneidad de formas en el trayecto del río contribuye a la mencionada biodiversidad y refleja las variadas interacciones con el entorno terrestre del Magdalena en el Huila.

La cuenca es también el origen de variados materiales que se transportan en el río. Un componente muy importante son los fragmentos vegetales de diverso tipo, provenientes de la vegetación de riberas y laderas, los cuales son fuente de alimento y sitios de vida para muchos organismos como invertebrados y algunos peces, como se ha detectado en la fauna del Magdalena (Sánchez Ramírez et al, 2004, 100-105). Otro tipo de material son las partículas minerales transportadas por la corriente, que intervienen en depósitos y sustratos, generando turbidez y sedimentación pero también contribuyendo a la estructura y formación de suelos aluviales con valor productivo, especialmente en el norte del Huila (Andrade y Caicedo, 2000). Por último, los materiales que generan los mayores procesos de alteración provienen de vertimientos de residuos domésticos, agrícolas e industriales, los cuales pueden incluir contaminantes de varias clases que causan deterioro del hábitat acuático, y consiguientes efectos de pérdida de diversidad, así como disminución de poblaciones y de atributos estéticos o productivos de las corrientes. 

Otra interacción evidente consiste en el aporte de agua del Magdalena, junto con todas las corrientes regionales, para el consumo de la vegetación y la fauna terrestres, por medio de los flujos laterales en pendientes y valles o por el contacto directo de los animales en los cauces (Olaya, Sánchez Ramírez y Brand, 2003, 80). Como parte de este consumo, es importante el uso humano del recurso hídrico, no obstante la mencionada reducida captación de esta fuente para los acueductos, pero que alcanza el mayor uso en actividades agrícolas en casi todo su trayecto, lo mismo que los usos industriales que se concentran en la zona norte del Huila. Finalmente, la utilización humana del río tiene también como valor importante el uso tradicional de los recursos del paisaje, por la apreciación de sitios del cauce como escenarios de recreación, incluyendo formas como los paseos y baños y prácticas más modernas como el ski y el canotaje (Olaya y Sánchez Ramírez, 2000, 30-33). En síntesis, estas relaciones con el gran río, desde y hacia los ecosistemas naturales y los sistemas configurados por la población humana del Huila, indican una variada gama de interacciones ecológicas para el Magdalena, lo cual incide notoriamente en la valoración de su carácter estratégico. 

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