El río Magdalena: Identidad y diversidad cultural

mayo 4, 2008 por  
Archivado en Ecosistemas

EL RÍO MAGDALENA: EJE HIDROGRÁFICO, ESPACIAL
Y CULTURAL DEL DEPARTAMENTO DEL HUILA

Mario Sánchez Ramírez
Alfredo Olaya Amaya

Identidad y diversidad cultural

El río Magdalena ha desempeñado tradicionalmente un papel preponderante en la identidad huilense, en virtud de su significado histórico para el poblamiento regional y como eje espacial del territorio. Interpretando a Tovar (2000), Salas (2000) e Iriarte y Olaya (2003), el río y valle del Magdalena constituye uno de los principales elementos que han contribuido a la formación de una identidad huilense asociada al entorno natural y al espacio geográfico. Quizá por eso, el Magdalena es el ecosistema preferido en la concepción de escudos e himnos del departamento del Huila (Olaya y Sánchez Valencia, 2003) y de sus municipios, así como en la composición de canciones huilenses (Rodríguez, 2003) y en el diseño de la Cátedra de la Huilensidad   (Huila. Gobernación, 2005). Este tipo de reconocimiento se debe a varios factores, entre los cuales se cuentan los de interés histórico y los beneficios que la población deriva del río, así como los peligros y amenazas naturales asociados al mismo.   

En un estudio realizado a comienzos del siglo XXI, se encontró que usuarios del río Magdalena y habitantes ribereños del mismo, consultados en el Huila (mediante entrevistas y talleres), consideraron que los principales productos, beneficios y funciones de este ecosistema acuático son los siguientes (Olaya y Sánchez Ramírez, 2000, 23-24): Agua para irrigación, peces para autoconsumo y comercialización, agua para piscicultura, agua para la ganadería, agua para uso doméstico, escenario para actividades recreativas y turísticas, medio para transporte fluvial, potencial hidroeléctrico, material de playa para la construcción, y evacuación y depuración de aguas residuales. Con menor grado de importancia, también reconocieron productos, servicios y funciones del río, tales como: recurso natural de valor paisajístico, fertilización natural de suelos, oro de aluvión, amortiguación de crecientes y avalanchas de subcuencas tributarias, madera de playa para leña y límite intermunicipal.

De acuerdo con los autores mencionados (2000, 36-37), los mismos usuarios y habitantes ribereños reconocieron que el Magdalena, además de beneficios, también brinda peligros que están asociados, en especial, con la pérdida de vidas humanas, de áreas agrícolas y de cosechas o con el deterioro y destrucción de obras de captación para riego, todo esto debido a las inundaciones. Sin embargo, algunos de ellos se refirieron al riesgo de enfermedades de origen hídrico, la sobre-sedimentación de la represa de Betania y los desastres que pueda ocasionar la misma, aguas abajo, en caso de romperse sus muros.

Algunos pescadores, habitantes ribereños y agricultores de las márgenes e islas del río explican las causas de las bondades, amenazas y castigos que ofrece el Magdalena, a través de mitos y leyendas que se han transmitido en la forma de tradición oral desde hace varias centurias, aunque en años y décadas recientes, los poetas Guillermo Martínez (1990 ), Félix Lozada (1999) y Guillermo González (2002), y el historiador Bolívar Sánchez (1996 ), entre otros, han divulgado este género literario mediante narraciones escritas, tales como las de El Mohán, La Madre de Agua y El Poira. Además, muchos niños, adultos y ancianos huilenses, aunque no crean en las historias de tales mitos, les gusta contarlas de manera oral, escucharlas, o leerlas. Obviamente, los académicos e instituciones especializados en hidrología, climatología, cuencas hidrográficas y limnología tienen explicaciones científicas para abordar los mismos fenómenos y condiciones favorables o desfavorables del río; no obstante, a pesar de la validez de los respectivos modelos explicativos, la divulgación, la comprensión o el uso de estos son significativamente limitados en el ámbito popular y en varias entidades del Estado y empresas privadas.  

De otra parte, como se mencionó en la sección que se refiere a los asentamientos humanos, Neiva y una gran cantidad de poblaciones huilenses han atado su historia al Magdalena y su presencia ha dejado su impronta en el ser huilense, pues las formas de vida a la orilla de este río han marcado de manera significativa el desarrollo del departamento. Desde principios del siglo XX, la imagen del Magdalena se ha vinculado a la idea del territorio huilense como “tierra de promisión”, según la visión poética elaborada por José Eustasio Rivera, la cual con el tiempo se ha convertido en símbolo paradigmático de la región; como dice Tovar (2000, 26) “en su enunciado emblemático por excelencia”; en contraposición con la idea menos grata de “valle de las tristezas” que expresaron los conquistadores españoles.

Ya se ha mencionado, acerca de los pobladores de la zona, la presencia de diversos pueblos indígenas a la llegada de los españoles, especialmente grupos relacionados con los actuales Paeces, en las subregiones sur, centro y occidente del Huila, entre los que se destacaron los Andakí y Yalcones ubicados en las riberas del río principal, y los Guambianos en la cuenca de su principal afluente, el río Páez (Castaño, 2003, 89). Se reconoce que en los valles del norte huilense existieron los Pijaos, Totoyoes, Doches y Yanaconas y que, algunos de ellos opusieron fiera resistencia a la conquista, de los que han persistido pequeños grupos que hoy forman resguardos en el sur del Tolima y la subregión norte del Huila (Monje, 2001, 106-109). En esta subregión, cerca del río Magdalena, perviven los resguardos de Paniquita Tama Dujo, en el municipio de Rivera; La Gabriela Tama-Páez, en el municipio de Neiva, y La Tatacoa Pijao, en el municipio de Villavieja (Ramírez et al, 2001, 34). Con la conquista y el establecimiento de la Colonia, se efectuó el mestizaje y el desarrollo de la actual población huilense, a la que han contribuido estos ancestros junto con los colonizadores hispánicos y las posteriores migraciones de otras regiones del país.

La diversidad de grupos humanos se ha integrado en las márgenes del río para generar los rasgos de la identidad huilense. Es por ello que en el Huila, y en general en Colombia, el río Magdalena es uno de los vínculos más sólidos de nuestra nacionalidad, pues el poblamiento del territorio se realizó siguiendo su curso. Las épocas de la Conquista y la Colonia se desarrollaron gracias al poder comunicador del río. Puede afirmarse que Colombia, hasta mediados del siglo XX, dependió en gran parte del río Magdalena para forjar su identidad cultural, social y económica. Por todos estos motivos, el río Magdalena constituye el ecosistema estratégico de mayor valor para la identidad huilense, y también fue un escenario de la diversidad cultural de los pueblos indígenas y de los colonizadores que consolidaron este territorio.

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