El río Magdalena: Diversidad natural
Mayo 4, 2008 por Adriana Marcela
Archivado en Ecosistemas
EL RÍO MAGDALENA: EJE HIDROGRÁFICO, ESPACIAL
Y CULTURAL DEL DEPARTAMENTO DEL HUILA
Mario Sánchez Ramírez
Alfredo Olaya Amaya
Diversidad natural
Los flujos hídricos que confluyen en el río Magdalena, en conjunto, atraviesan la diversidad total de ecosistemas que conforman el territorio del Huila; pero, el cauce principal, orientado esencialmente de sur a norte, desciende desde el Macizo Colombiano hasta las llanuras donde el norte de dicho territorio limita con el departamento del Tolima. En este recorrido, siempre entre las Cordilleras Oriental y Central, en las riberas del río se puede detectar la presencia de siete de los 11 bioclimas o zonas de vida que se manifiestan en el Huila, aunque algunos de los afluentes como los ríos Páez, Mazamorras y Bordones se forman en las zonas próximas a las cumbres cubiertas de nieve, y otros afluentes como el Cabrera atraviesan las zonas más áridas de valles laterales del norte del Huila. Tales zonas de vida son las siguientes, de mayor a menor elevación: bosque pluvial Montano (bp-M), bosque pluvial montano bajo (bp-MB), bosque muy húmedo montano bajo (bmh-MB), bosque muy húmedo premontano (bmh-PM), bosque húmedo premontano (bh-PM), bosque seco tropical (bs-T) y bosque muy seco tropical (bms-T).
En las Zonas de Vida aledañas al río se desarrollan complejas comunidades conformadas por una gran riqueza de especies vegetales; y dentro de ellas se configuran nichos para la diversidad de fauna terrestre. Adicionalmente, la variedad de hábitats que se establecen en el cauce corresponden también a una importante abundancia de organismos acuáticos, entre los cuales se ubican productores microscópicos, multitud de pequeños invertebrados y, finalmente, los peces nativos y otros vertebrados semiacuáticos, los que forman en conjunto la biodiversidad asociada al río. Sobre estos tipos de componentes biológicos, muchos de los cuales no han sido identificados y menos estudiados, solamente es posible enunciar los grupos principales y algunos aspectos de sus interacciones e influencia en el ecosistema del Magdalena.
Los elementos de la vegetación nativa, no obstante las transformaciones de uso del suelo en las márgenes del río, conservan remanentes que se observan principalmente en las zonas altas, atestiguando así la riqueza botánica asociada al Magdalena. Este río y sus afluentes se originan en los pisos montano y sub-andino, comúnmente designados como páramo, los cuales comprenden alturas que fluctúan desde más de 4000 hasta cerca de 3000 m.s.n.m. y corresponden a la denominada montaña alta. La vegetación de las planicies y cumbres cercanas a la laguna de La Magdalena, hace parte de la zona llamada bosque pluvial montano, en la que fluye el río por unos pocos kilómetros en el altiplano conocido como páramo de Las Papas (Eslava, 1995, 46; IGAC, 1977a, 8-11). En esta zona, la presencia de lluvias y neblina, bajo la influencia de bajas temperaturas y una reducida evapotranspiración, generan apreciables excedentes de agua que, además de conformar ríos, quebradas y lagunas, permiten una abundancia de plantas típicas de la transición entre el bosque alto de los Andes y los páramos más elevados, tales como encenillo (Weinmania sp.), mano de oso (Clusia sp) y siete cueros (Tibouchina lepidota), además de los pajonales (Calamagrostis efusa) y los frailejones (Espeletia spp) y otras plantas arbustivas.
Las zonas de bosque pluvial montano bajo y bosque muy húmedo montano bajo se ubican en las laderas frías del Macizo Colombiano y de las cordilleras Oriental y Central, con alturas entre 2000 y 3000 m.s.n.m. y variaciones locales de precipitación y temperatura (Espinal, 1990, 13-14). El cauce del Magdalena desciende desde los páramos mencionados, a través de estas zonas de vida, hasta áreas ubicadas al suroccidente de la población de San Agustín. En tales zonas se encuentran remanentes de los bosques andinos, con especies arbóreas como roble (Quercus humboldtii), encenillo (Weinmannia sp.), arrayán guayabo (Freziera sp.), granizo (Hedyosmum sp.), cedrillo (Brumelia sp.), yarumo (Cecropia sp.), caucho o higuerón (Ficus sp.), entre otras (Galindo y Vanegas, 1995, 25). En estos bosques es muy destacado el efecto orográfico que genera barreras para la condensación del agua, lo que explica las elevadas precipitaciones y los aportes a los caudales de las corrientes. Desafortunadamente, gran parte de las áreas boscosas han sido taladas y utilizadas con pastos y algunos cultivos de papa, maíz y frutales.
Desde el municipio de San Agustín, el Magdalena fluye hacia el nororiente y el norte, generalmente entre cañones profundos pertenecientes a las zonas de bosque muy húmedo premontano y bosque húmedo premontano, las cuales corresponden a las franjas cafeteras de las dos cordilleras mencionadas y las estribaciones del Macizo Colombiano. Estas zonas de vida se extienden sobre las riberas del río, en un trayecto aproximado de 100 km del cauce, hasta áreas del centro del Huila, cercanas a las cabeceras municipales de Altamira y Tarqui (IGAC, 1977b). La vegetación de estas zonas incluye especies nativas como aguacatillo (Persea sp.), laurel amarillo (Nectandra sp.), cedro rosado (Cedrella sp.), carbonero (Calliandra sp.), arrayán (Myrsia sp.), guayacán (Tabebuia sp.), balso (Ochroma lagopus), palma chonta espinosa (Bactris sp.), guadua (Guadua angustifolia) y otras. En las áreas cubiertas originalmente por estos bosques, se ha desarrollado una explotación prolongada y parcialmente intensiva, mediante cultivos de café, caña, maíz, fríjol, yuca y otros, lo mismo que amplias extensiones dedicadas a la ganadería extensiva; lo que ha reducido considerablemente la diversidad vegetal y ocasionado degradación de los suelos.
El tramo más largo del Magdalena en el Huila, de longitud aproximada de 180 km, desciende por el relieve de piedemonte y por el valle cálido del norte del departamento, en el denominado piso basal tropical. En este trayecto, entre 1000 y 360 metros de elevación, se identifican en las márgenes del río las zonas de bosque seco tropical y bosque muy seco tropical (Espinal, 1990, 14), cuya vegetación nativa ha sido casi totalmente removida de los valles o vegas, para el desarrollo de cultivos como arroz, plátano y tabaco, y con predominio de ganadería extensiva sobre las terrazas y cerros adyacentes al cauce.
El bosque seco tropical es una de las zonas más intervenidas en Colombia, por lo que es muy difícil encontrar grandes masas boscosas; aunque en ciertas áreas cercanas al río, como la Reserva Privada Takyhuaylla en el municipio de Gigante, se destacan especies vegetales como chaparro (Curatella americana), pelá (Vachelia farnesiana), guayabo cimarrón (Psidium sp.), guásimo (Guazuma ulmifolia), payandé (Pithecelobium dulce), iguá (Pseudosamanea guachapete). En diferentes áreas del valle del Magdalena, en zanjones de flujo intermitente, cauces o riberas de ríos y quebradas se observa la presencia de dinde (Clorophora tinctoria), caucho (Ficus sp.), yarumo (Cecropia peltata), caracolí (Anacardium excelsum), diomate (Astromium graveolens), cachimbo (Erythrina sp.), sauce playero (Tessaria integrifolia), chicható (Muntingia calabura) y guadua (Guadua angustifolia).
La otra zona de vida de este tramo es la de bosque muy seco tropical, la cual se ubica en el extremo norte huilense, principalmente en las poblaciones de Aipe y Villavieja, en condiciones de menor precipitación que la anterior. Esta área más seca del valle del Magdalena conforma, de manera parcial, el denominado Desierto La Tatacoa, ubicado en la margen derecha del Magdalena y sobre sectores bajos de las cuencas de los ríos Cabrera y Villavieja y de las quebradas Las Lajas y Tatacoa principalmente, formando un ecosistema de importancia nacional e internacional, sobre todo por sus características ecológicas y el valor de su patrimonio paleontológico y cultural (Olaya, Sánchez y Acebedo, 2001). En esta zona de vida se encuentran plantas nativas con mayores adaptaciones a la sequía como las cactáceas denominadas arepo (Opuntia pittierii), melcocha (Opuntia depauperata), cabecenegro (Melocactus caesius), cardón (Cephalocereus colombianus), cardón gris (Lemaireocereus griseus); arbustos espinosos y otros como pringamoza (Jatropha sp.), pelá (Vachelia farnesiana), cruceto (Randia armata), guayabo cimarrón (Psidium sp.), retamo (Parkisonia aculeata), cocubo (Solanum autosepalum), güevas de gato (Solanum sp.), frailejón calentano (Jatropha gossypiifolia), mosquero (Croton sp.), pasto teatino (Bouteloua heterostega); y algunos árboles como tatamaco (Bursera tomentosa), chaparro (Curatella americana), payandé (Pithecelobium dulce), cují (Prosopis julifora) y naranjuelo (Capparis índica) (Llanos, 2001; Olaya, 1982).
En las zonas de vida mencionadas, la vegetación nativa, en especial la de los páramos y bosques andinos y los bosques secos que rodearon el cauce del Magdalena, constituyó el hábitat para una importante diversidad faunística, sobre la cual es escaso el conocimiento de su composición y el estado de persistencia de sus poblaciones. Como referencia de la riqueza de especies animales en el área adyacente al Magdalena, se puede mencionar el reporte de vertebrados terrestres en el Huila, cuyos números constituyen porcentajes significativos del total nacional. Brand (2003, 104), estima que en aves y mamíferos las especies del Huila representan cerca del 20% del total de estos grupos en Colombia, al igual que se identifican números también importantes en reptiles y anfibios, con el 10% y 7% del total de especies del país respectivamente.
De estos grupos de vertebrados, se tiene mayor conocimiento sobre su ocurrencia en algunas zonas como el Parque Nacional Puracé, dentro del cual se localiza el nacimiento del Magdalena, pues allí se han reportado 59 especies de mamíferos, 39 de aves y 22 de anfibios, incluyendo valiosas especies de significado nacional como el oso de anteojos (Tremarctos ornatus), el venado conejo (Pudu mephistophiles), el cóndor (Vultur griphus) y cuatro especies de monos (Castaño, 2003, 85). En forma similar, un estudio de la Reserva Privada Los Yalcones, ubicada en el municipio de Pitalito en zona de bosque muy húmedo Premontano, reportó en un área muy reducida un total de 102 especies de aves (CAM y Fundación Los Yalcones, 2001).
Igualmente, en el extremo norte del trayecto del río, en los bosques muy secos y matorrales del Desierto La Tatacoa, se han identificado 72 especies de aves que utilizan como hábitat y refugio estos ecosistemas de condiciones extremas (Cuadros, citado por Sánchez y Olaya, 2001, 95-98). Además, en el Centro de Investigación y Educación ambiental La Tribuna, localizado en zonas secas correspondientes a la cuenca baja del Baché, en proximidades al Magdalena, se han identificado 50 especies de aves (Brand et al, 2004), 14 especies de murciélagos y varias especies de anfibios y reptiles (Alberico, Peraza y Acosta, 2005, 17, 26-27)
Un aspecto importante de estas poblaciones animales lo constituye la presencia de un buen número de especies reportadas en categorías de vulnerabilidad según los criterios de CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Flora y Fauna Silvestres), entre las cuales se incluyen cinco especies de reptiles, 63 de aves y 17 de mamíferos. Por último, entre estos animales superiores se encuentran algunos con carácter de endemismo regional, por lo que también habitan áreas cercanas de otros departamentos, tales como la tortuga Podocnemys lewyana, el lagarto Anolis huilae, aves como la perdiz Colinus cristatus leucotis, el cardenal Ramphocelus dimidiatus molochinus y el semillerito Coryphospingus pileatus brevicaudus; y mamíferos como el cusumbo Nasuella olivacea (Brand, 2003, 104-105).
La biodiversidad animal más ligada al río Magdalena la conforman los organismos asociados a los sustratos del cauce, los que se desplazan en el flujo y los que realizan actividades en forma mixta entre las márgenes y la corriente. En el ecosistema acuático del río se encuentran algunos tipos de organismos fotosintéticos, principalmente algas y protistas adheridos a las rocas u otros materiales, los cuales contribuyen a la producción de materia orgánica pero en proporción inferior a la de la materia transportada desde la cuenca (Universidad Surcolombiana–CHB, 2001). Sobre los animales acuáticos característicos del río, se pueden destacar dos comunidades predominantes constituidas por los invertebrados y los peces, que son los grupos de mayor presencia y abundancia en el cauce, con una importante diversidad de especies que establecen tramas de relaciones bióticas también muy diversas (Sánchez Ramírez et al, 2001, 57).
Entre los invertebrados, predominan los insectos acuáticos con poblaciones desarrolladas principalmente en el fondo rocoso, aunque algunas actúan en depósitos blandos de los charcos y también sobre la superficie en las aguas de las orillas; y se alimentan de los fragmentos vegetales transportados por la corriente, o aprovechan la producción de algas adheridas a rocas y otros sustratos. Grupos muy abundantes de insectos son los órdenes de Ephemeroptera, Diptera y Trichoptera que se desarrollan más en zonas torrenciales sobre material grueso del fondo; pero también se encuentran Coleoptera, Hemiptera y Odonata, siendo estos últimos más frecuentes en áreas de remansos, junto con otros grupos de invertebrados como anélidos y moluscos gasterópodos (Sánchez Ramírez, 2000, 42-51).
Los seres vivos del Magdalena de mayor utilización en toda su cuenca son los peces, sobre los cuales se sustenta una importante actividad pesquera en el país. Los estudios realizados inicialmente por la Universidad Surcolombiana (USCO), identificaron más de 40 especies de peces en el río Magdalena, que se ubican en 34 géneros y 13 familias (Sánchez Ramírez et al, 2001, 70). En forma similar, Mojica (1999, 551) reportó 54 especies de peces en la cuenca alta del Magdalena y un total de 190 especies en toda la cuenca, con base en una muy amplia revisión bibliográfica y en la colección del Instituto de Ciencias Naturales. Sin embargo, más recientemente el trabajo de la USCO permitió afirmar una mayor riqueza de peces nativos de lo que se había reportado, con un total de 68 especies detectadas en el Huila (Sánchez Ramírez et al, 2004, 78). La gran mayoría de esos peces se ha encontrado en el Magdalena, aunque algunos corresponden a afluentes de las laderas montañosas, pero es posible que también habiten el curso superior del río principal.
De acuerdo con los estudios anteriores, 10 de las especies abundantes en el río alcanzan la mayor importancia por su desarrollo y el interés como producto de pesca. De estas, nueve son peces nativos y la décima es la mojarra africana Oreochromis niloticus, introducida en cultivos piscícolas ubicados en el embalse y en estanques cercanos al río. La familia Curimatidae está representada por dos especies muy valiosas, el bocachico (Prochilodus reticulatus) y el pataló (Ichthyoelephas. longirostris); mientras en la familia Characidae se encuentran la sardinata (Brycon moorei) y la dorada (Salminus affinis), todas estas de gran interés por su sabor y el tamaño que en algunas llega a más de de 50 cm. En estos peces el alimento registrado fue principalmente detritus y material vegetal, que obtienen principalmente en ciénagas de las zonas bajas de donde emigran al curso superior. De la familia Loricaridae se destacan dos especies, con longitudes de 20 a 40 cm, que son la cucha (Chaetostoma fisheri) y el zapatero (Loricaria gymnogaster), en las cuales también se registra alimento de detritus y material vegetal con una importante presencia de algas. Las otras tres especies nativas son el capaz (Pimelodus grosskopfii), el nicuro (Pimelodus clarias) y el peje (Pseudopimelodus bufonius), de la familia Pimelodidae, las dos primeras con longitud aproximada de 20 cm o menos y la tercera que se captura hasta de 60 cm, en cuyos estómagos se encuentra material vegetal, detritus y también fragmentos animales (Sánchez Ramírez et al, 2001, 71).
Además de los peces de gran interés económico, el ecosistema del río incorpora otros vertebrados semiacuáticos que aprovechan la producción de invertebrados y peces, los cuales se clasifican en varias clases. Muchos anfibios se asocian a las márgenes del río como ocurre con ranas y sapos de los géneros Rana, Leptodactylus, Hyla, Bufo y otros. También se encuentran reptiles como las tortugas Podocnemis lewyana y Trachemis scripta, y los caimanes y babillas que corresponden a Cayman sclerops y Crocodylus acutus. Las aves del Huila se mencionaron como los vertebrados de mayor diversidad, con 333 especies en la región (Brand 2003, 104), y un buen número de ellas se relacionan con sistemas acuáticos como fuentes de alimentación o reposo, como en el caso de algunas aves migratorias, o porque habitan en las riberas de ríos como el Magdalena y sus afluentes.
En trabajos recientes se han observado varias especies de garzas como el garzón azul (Ardea cocoi), la garza real (Casmerodius alba) y la garcita de ganado (Bubulcus ibis); lo mismo que dos especies de martín pescador (Ceryle torquata y Chloroceryle americana) y los patos migratorios llamados careto (Anas discors) y pato canadiense (Aythya affinis); todas estas aves con actividad en aguas someras de los ríos o en lagunas y charcas de la región (Sánchez et al, 2004, 99). Por último, aunque también se mencionó la abundancia de mamíferos en el Huila, solamente se ha reportado una especie notable que habita el Magdalena, la nutria de río Lutra longicaudis, la cual tiene importante valor ecológico y se halla en un estado vulnerable por la reducción de sus poblaciones.
Con base en las referencias mencionadas sobre la vegetación y las poblaciones animales asociadas a la corriente, es posible considerar como de gran significado la diversidad natural que se sustenta en el río Magdalena, tanto en el ecosistema acuático como en las áreas terrestres de sus riberas. Tal significado corresponde a la riqueza de especies y a su recambio o variedad de formas que se encuentran en los sucesivos hábitats que atraviesa el río y se configuran en su cauce. Por este motivo, la valoración de este criterio para el río Magdalena en el Huila, lleva a que este sistema acuático, junto con sus riberas y áreas inmediatas, tenga un elevado peso como ecosistema estratégico del departamento del Huila.
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