El río Magdalena: Defensas y amenazas naturales
mayo 4, 2008 por Adriana Marcela
Archivado en Ecosistemas
EL RÍO MAGDALENA: EJE HIDROGRÁFICO, ESPACIAL
Y CULTURAL DEL DEPARTAMENTO DEL HUILA
Mario Sánchez Ramírez
Alfredo Olaya Amaya
Defensas y amenazas naturales
Gran parte de los problemas ambientales originados en la dinámica propia del Magdalena, se relacionan con las condiciones climáticas que afectan la hidrología de la cuenca. Según el balance hídrico realizado por los autores del Plan de ordenamiento y manejo de la cuenca alta del río Magdalena, más conocido como POMÁN (CAM e Inpro-Hidrotec, 1996, II-6), el movimiento de agua en la cuenca alta del río Magdalena presenta el siguiente comportamiento: en el valle, hacia el norte, en los meses de enero y febrero hay un mayor gasto del agua almacenada, mientras que en marzo y abril se presenta almacenamiento. Así mismo, en el periodo comprendido entre mayo y septiembre se da un déficit de 358 mm, pero de octubre a noviembre se empieza a recuperar la cantidad de agua que almacena el suelo. En el sur se presenta un consumo significativo del agua acumulada en enero y febrero, mientras que en marzo y abril se comienza a guardar nuevamente agua en el suelo hasta llegar a superar la capacidad de almacenamiento del suelo, motivo por el cual en el periodo comprendido por los meses de abril a noviembre se presentan excesos de agua de 151 mm, los cuales se reducen de nuevo en el mes de diciembre. Estas fluctuaciones de los excedentes hídricos se relacionan con las crecientes del río principal y de sus afluentes, a partir de las cuales se pueden precisar las principales amenazas ambientales asociadas al ecosistema.
Entre los desastres y amenazas naturales asociados al río Magdalena en el Huila, se destacan fenómenos generalizados en todo el tramo departamental, los cuales se relacionan con el aumento de caudales, principalmente el deterioro y pérdida de áreas agropecuarias, el deterioro de estructuras viales, las enfermedades de origen hídrico, las pérdidas de vidas en inundaciones, y el deterioro de viviendas urbanas y rurales. Otros fenómenos más restringidos o que solamente se manifiestan en tramos localizados, son las alteraciones sobre actividades como la pesca, la navegación fluvial o el turismo, lo mismo que aspectos asociados al embalse de Betania como la sedimentación o la propagación de malezas acuáticas (Olaya y Sánchez Ramírez, 2000, 37).
Las inundaciones de tipo torrencial se originan en la región montañosa, debido a la dinámica característica de los ríos que durante el invierno aumentan sorpresivamente su caudal, fenómeno favorecido por la falta del bosque protector en la cuenca, el cual ha desaparecido casi en su totalidad por la quema y tala indiscriminada practicada desde hace mucho tiempo. El deshielo del Nevado del Huila y de los cerros de nieves transitorias del Parque Puracé podrían incrementar ocasionalmente la problemática de las inundaciones en el valle del Magdalena, tal como ocurrió en 1994 con la avalancha del río Páez que se originó en dicho Nevado, la cual fue finalmente amortiguada por el embalse de Betania. El taponamiento de los cauces causado por fenómenos de deslizamientos, avalanchas y otros movimientos masivos, tan comunes en la región, es con frecuencia una causa más de represamientos e inundaciones a veces catastróficas.
Existen áreas en donde los deslizamientos y movimientos masivos han causado estragos en cultivos, potreros, bosques, carreteras y construcciones humanas. Como puntos en los que se manifiestan estos efectos de las inundaciones sobre actividades agrícolas, se pueden mencionar el deterioro de cultivos de pancoger en las zonas de cañones cerca de Oporapa, Saladoblanco y Elías; pérdidas en áreas de arroz y tomate cerca de Gigante, así como destrucción de cultivos de plátano y otros en las vegas del tramo norte del río, en áreas de Campoalegre, Neiva, Aipe y Villavieja.
La carretera Troncal Central del Huila, que discurre en largos tramos sobre las márgenes del río Magdalena, ha sido afectada en la zona de Pericongo, en el municipio Altamira, así como en proximidades a la cabecera municipal de Aipe. Igualmente los puentes que atraviesan el río han sufrido efectos de las crecientes y en algunas ocasiones han sido fuertemente afectados, causando los problemas más notorios en la vía a Oporapa y en la carretera de Garzón-Agrado.
En los núcleos poblados adyacentes al río se ha presentado afectación de viviendas y vidas humanas, con algunos registros históricos como la gran inundación de mediados del siglo XIX que causó numerosos muertos y pérdidas de viviendas en el centro y norte del Huila; pero también en épocas recientes como las inundaciones de 1989 que causaron destrozos de viviendas en caseríos como Balseadero en Garzón, en algunos barrios de Neiva y en algunas viviendas de Aipe y Villavieja.
De acuerdo con Poveda (2003), los valores extremos de caudales en el Magdalena y otros ríos del Huila y del Tolima tienden a hacerse más críticos durante las fases cálida y húmeda (Niña) de los años con fenómeno de El Niño-Oscilación del Sur. De otra parte, en el departamento del Huila existen dos grandes sistemas de fallas, orientadas de suroeste a noreste, las cuales se denominan Chusma-Teruel y Garzón-Suaza. El primer sistema de fallas se localiza en el piedemonte de la Cordillera Central y está asociado al terremoto y avalancha del río Páez ocurrido en 1994; mientras que, el sistema Garzón-Suaza se localiza en el flanco oeste de la Cordillera Oriental y está asociado, tanto al terremoto del nueve de febrero de 1967 como al sismo de 1827 (Huila. Secretaría de Gobierno y Desarrollo Comunitario, 8), el cual generó deslizamientos y taponamientos de cauces, así como inundaciones catastróficas de los ríos Suaza y Magdalena que afectaron principalmente los actuales municipios de Garzón, Gigante y Guadalupe (García Borrero, 27-28; Martínez y Martínez, 1996, 32-33; Moreno, 1994, 17-21).
La presencia de tales fallas y de la volcánica Cordillera Central hace que el Huila sea considerado un departamento de alta sismicidad. Por esta razón y las expuestas anteriormente, el río Magdalena en el Huila es susceptible de presentar inundaciones desastrosas, en especial, si ocurren terremotos muy fuertes durante lluvias de larga duración y de alta intensidad en periodos con Niña.
Por el contrario, durante los años con la fase cálida del fenómeno El Niño-Oscilación del Sur, el Magdalena puede llegar a reducir su caudal de manera drástica y, en consecuencia, es posible que se disminuya en forma significativa el nivel del embalse de la Central Hidroeléctrica de Betania y la generación de energía en la misma. Así mismo, durante periodos de sequías muy fuertes debidas al Niño, puede incrementarse en forma ostensible la demanda de recurso hídrico en los cultivos, mientras el bombeo de agua para irrigación, desde el Magdalena, puede tornarse difícil y hacerse muy costoso.
De otra parte, las enfermedades de transmisión hídrica también tienen manifestación en poblaciones ribereñas, principalmente por el consumo de agua sin adecuado tratamiento o por la contaminación por aguas residuales, las cuales en la mayoría de municipios no reciben tratamiento o disposición adecuada. Se reconocen puntos donde se han generado infecciones como difteria, diarrea, enteritis y otras, relacionadas con contaminación del agua, en poblaciones rurales cercanas al río, como ocurre en veredas de Garzón, Gigante, Hobo, Palermo, Aipe y Villavieja. Además, existen riesgos de infección por contacto directo en actividades recreativas, en balnearios o sitios afectados por descargas urbanas y drenajes agrícolas de predios con cultivos de arroz.
A pesar de las amenazas mencionadas sobre la salud o las actividades humanas en las riberas, el río Magdalena también funciona como un componente ambiental de regulación y protección del territorio y sus habitantes. Constituye un mecanismo que suaviza las inclemencias climáticas en la región y contribuye al mantenimiento de condiciones para actividades productivas como la agricultura. En la actualidad, los fenómenos de inundaciones se han visto disminuidos con el establecimiento de la presa de la Central Hidroeléctrica de Betania, ya que esta retiene y controla crecientes pequeñas y medianas y puede hacerlo parcialmente con las de mayor volumen. Es de resaltar también la importancia del caudal para la dilución y evacuación de residuos, lo cual se destaca como otro criterio en la evaluación del ecosistema. En síntesis, el Magdalena constituye una fuente potencial de amenazas y eventuales desastres que ya han tenido manifestación regional, pero al mismo tiempo proporciona elementos trascendentales de la dinámica ambiental en el departamento del Huila.
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Saludos, nos gustaría a mis hijos y a mi conocer mas sobre el rio magdalena a nivel de santander, bolivar y antioquia ya que vivimos en esta zona y se escucha a menudo sobre la importancia de recuperar el magadalena medio.
Gracias…