El agujero de ozono: Hemos perforado nuestro escudo protector

enero 26, 2008 por  
Archivado en Medio ambiente

 

ozono.jpg

Una pequeña fracción de la energía radiante que el sol produce, llamada radiación ultravioleta, o UV, tiene un nivel tan alto de energía que daña las moléculas biológicas.

En pequeñas cantidades, la radiación UV ayuda a que la piel humana produzca vitamina D e induce el bronceado en las personas de piel clara. Sin embargo, en dosis mayores la UV causa quemaduras y envejecimiento prematuro de la piel, cáncer cutáneo y cataratas, un padecimiento en el que el cristalino del ojo se enturbia.

Afortunadamente, el ozono de la estratosfera, una capa de la atmósfera que se extiende de los 10 a los 50 kilómetros por encima de la Tierra, elimina por filtración la mayor parte de la radiación UV. En estado puro, el ozono (O3) es un gas azuloso, explosivo y sumamente tóxico.

En la estratosfera la concentración normal de ozono es de alrededor de 0.1 partes por millón (ppm), en comparación con 0.02 ppm en la parte baja de la atmósfera. Esta capa rica en ozono se conoce como la capa de ozono.

La luz ultravioleta que incide en el ozono y el oxígeno provoca reacciones que descomponen y también regeneran el ozono. Al mismo tiempo, la radiación UV se transforma en calor y el nivel general de ozono permanece razonablemente constante; o así sucedía hasta que los seres humanos intervinimos.

En 1985 unos científicos británicos que estudiaban la atmósfera publicaron un descubrimiento sorprendente. Los niveles primaverales de ozono atmosférico sobre la Antártida habían descendido en más de 40% desde 1977. Se había perforado el escudo protector de la Tierra. En el agujero de ozono sobre la Antártida, el ozono desciende ahora a un tercio de los niveles que tenía antes que se iniciara el agotamiento.

Aunque la gravedad del agotamiento de la capa de ozono es máxima sobre la Antártida, la capa de ozono se ha reducido en alguna medida sobre la mayor parte del mundo, incluso sobre prácticamente la totalidad de Estados Unidos continentales. No hace mucho, los niveles primaverales de ozono sobre Groenlandia, Escandinavia y Siberia occidental se redujeron hasta en 40%. Los indicios de adelgazamiento del ozono sobre el Ártico han llevado a los investigadores a predecir que pronto tendremos un agujero de ozono ártico, además del antártico.

Los datos proporcionados por satélites indican que, desde principios de la década de 1970, la radiación UV ha aumentado en casi 7% por década en el Hemisferio Norte. En Nueva Zelanda, los investigadores han documentado una elevación de 12% durante la última década. Como consecuencia de esto, se prevé un aumento en la incidencia de cáncer cutáneo. Los estudios realizados con ratones muestran que la exposición a luz UV en dosis equivalentes a un día en la playa sin protector solar deprime su sistema inmunitario y los hace más vulnerables a diversas enfermedades. Los efectos sobre la salud humana son sólo uno de los motivos de preocupación.

La fotosíntesis que lleva a cabo el fitoplancton, el productor en los ecosistemas marinos, se reduce bajo el agujero de ozono sobre la Antártida. La mayor cantidad de radiación ultravioleta también daña ciertos tipos de árboles y cultivos agrícolas.

La disminución del espesor de la capa de ozono se debe a los crecientes niveles de clorofluorocarbonos (CFC), unos compuestos que contienen cloro, flúor y carbono. Creados en 1928, estos gases se usaban extensamente como fluidos de enfriamiento en refrigeradores y acondicionadores de aire, como propelentes en los rociadores de aerosol, en la producción de espuma plástica y como limpiadores de piezas electrónicas.

Estos productos químicos son muy estables y se consideraba que no eran peligrosos. Su estabilidad, sin embargo, resultó ser un problema muy grave, pues permanecen sin sufrir cambios químicos conforme suben poco a poco hasta la estratosfera. Una vez ahí, y por el intenso bombardeo de luz UV, los CFC se degradan y liberan átomos de cloro.

El cloro cataliza la descomposición del ozono en oxigeno gaseoso (O2) sin sufrir cambios él mismo. Las nubes sobre las regiones ártica y antártica se componen de partículas de hielo que proporcionan una superficie donde la reacción se lleva a cabo.

Afortunadamente, hemos dado los primeros pasos encaminados a “tapar” el agujero de ozono. En un ejemplo sin precedentes de cooperación e interés global, las pláticas iniciadas en 1985 culminaron en tratados suscritos en 1990 y 1992, en los cuales los países industrializados de todo el mundo acordaron descontinuar gradual, aunque rápidamente, el uso de los productos químicos que agotan el ozono, con miras a eliminar los CFC para 1996.

Estos compuestos ya no se utilizan para producir espumas plásticas y también se han encontrado sustitutos de los CFC para uso en latas rociadoras, refrigeradores y acondicionadores de aire de automóvil. Los niveles globales de cloro atmosférico en el nivel del suelo (un indicador del uso de CFC) alcanzaron un máximo en 1994.

En 1996 los científicos encontraron una leve reducción de la concentración de cloro en las regiones bajas de la atmósfera. Ya para 1999 los científicos detectaron reducciones de cloro también en la estratosfera, como resultado del mezclado gradual del aire y del transporte de aire de la superficie hacia arriba.

Pero el uso de ciertos tipos de CFC ha aumentado enormemente en los países en vías de desarrollo, y existe una gran reserva de CFC almacenada en los refrigeradores antiguos. Debido a que estos compuestos, que son sumamente estables, pueden persistir de 50 a 100 años y tardar una década o más en ascender a la estratosfera, los CFC que emitimos actualmente, sumados a los millones de toneladas que ya han sido liberadas, continuarán erosionando el escudo protector de ozono, con consecuencias posiblemente graves.

Por ejemplo, en septiembre de 2000 el agujero de ozono antártico fue más grande que nunca; se extendió sobre la punta de Chile y expuso a los habitantes de la ciudad de Punta Arenas a niveles altos de radiación UV.

Algunos científicos se muestran optimistas, no obstante, respecto a que el agujero de ozono podría comenzar a reducirse para el año 2010 y posiblemente quede eliminado para 2050 si se mantiene la cooperación mundial.

Texto tomado de: Biología, la vida en la tierra. Sexta edición. Pearson educación.

Documentos relacionados

Recomendar a un amigo Recomendar a un amigo

Comments

Un comentario to “El agujero de ozono: Hemos perforado nuestro escudo protector”

Deje su comentario

Si desea puede utilizar en gravatar desde esta direccion!